Amigos

Buenas.

Hoy he tomado un café muy rápido con un amigo. Apenas tenía media hora pero hemos aprovechado para vernos. Tenemos contacto por RRSS pero, salvo un día de casualidad en un restaurante, hacía como 15 o 16 años que no nos veíamos. La última vez que nos vimos en ese restaurante me picó en la espalda y me preguntó si yo era Oscar García Piñán. Y yo le respondí “claro y tú mi ex compañero de clase Javier”

La verdad es que Javier es mi íntimo enemigo de clase. Ese tipo de amigo con el que pasas todas las horas del patio, de clase y de juegos, que te llevas a matar y al primero que elegirías para cualquier actividad fuera del colegio. Ambos éramos los primeros en los cumpleaños del otro, y recuerdo haber estado en su casa y él en la mía quizá antes que ningún otro compañero de clase.

Pero nos zurrábamos sin parar, bueno, le zurraba sin parar porque yo era mucho más grande que él y si le pillaba cobraba. Pero no era fácil, era pequeñín y escurridizo y no se dejaba pillar fácilmente. Además éramos rivales futbolísticos acérrimos. Cuando la rivalidad Barça-Madrid era estrictamente futbolística y no había el enorme uso político que se hace ahora de esas dos grandísimas instituciones.

Pero no era fácil, era pequeñín y escurridizo y no se dejaba pillar fácilmente. 

Cada fin de semana en casa y dependiendo de cómo le fuera a nuestro equipo, ya sabías la que te iba a caer el lunes o la que le iba a caer al otro. Era literalmente las primeras palabras que cruzábamos en clase, echar sal en la herida del otro. Por aquella época prácticamente siempre ganaba el Madrid, “su Madrid” con lo que yo pillaba todos los años, era la época en que ganar 2-1 en el camp nou ya nos valía a los culés como éxito para toda la temporada… Y claro los palos eran terribles en una clase con 5 o 6 alumnos del Barcelona y el resto Blancos. Recuerdo perfectamente como si fuese hoy una vez que perdió mi equipo, as usual, un torneo importante no recuerdo cuál, y me puse a llorar desconsoladamente un poco por la derrota de mi equipo y un mucho por el varapalo de clase del día siguiente…

Las tornas se cambiarían años más tarde (en estos últimos 20 años) pero desgraciadamente ya no estaba Javier en mi vida para tomarme cumplida revancha. Una lástima.

Lo cierto es que me ha gustado verle tantos años después y compartir un rato entrañable actualizando nuestras vidas. A él le va bien, viaja mucho y le gusta su trabajo ( lo cual me parece una verdadera suerte) y yo me alegro por él. 

Es curioso como en esta vida, a quien creías tener más fidelizado como amigo desaparece de tu vida sin explicaciones y alguien tan lejano aparece de nuevo. En esto debo decir que mi mujer, una vez más, tiene toda la razón cuando me dice que amigos hay muy pocos y que el resto son sólo compañeros de viaje en alguna etapa de tu vida…

Por hoy es suficiente, la foto que acompañará esta publicación no puede ser otra que una de Bernd Schuster, mi ídolo de aquellos años y con cuya camiseta y su inolvidable 8, permanezco en la memoria de Javier por el patio del cole, de nuestro cole.

Hasta pronto, Javier. 

 

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